Psicología infantil-Crianza: Gestión de las Rabietas: ¿cómo lo hacemos?

13.01.2017

Todos hemos visto o hemos sufrido alguna vez directamente los efectos de las rabietas de algún niño o de nuestro propio hijo/a. Paseando por la calle, en un supermercado, en casa, en una tienda, en un restaurante o incluso en un cine... los lugares son distintos pero el resultado suele ser el mismo: el niño o niña chillando, pataleando, llorando, agitándose, tirado en el suelo o rígido en su cochecito y los padres o cuidadores pasando el mal trago a su lado. Pero, ¿qué es concretamente una rabieta? Y más difícil de comprender aún, ¿porque ocurren?

Una rabieta infantil es un tipo de reacción característica de niños de entre 16 meses y tres años. No obstante, se debe tener presente que pueden aparecer antes y también desaparecer más tarde. Generalmente consiste en un fuerte ataque de ira incontrolado que incluye protestas, llantos, gritos, tirarse al suelo, dar golpes... (incluso puede llegar a provocar el vómito). Esta reacción en niños se considera parte de su proceso normal de maduración y habitualmente se origina en momentos de frustración por no poder imponer su voluntad o por sentirse incomprendidos. El niño intenta gestionar su ira pero aún no dispone de los recursos necesarios para hacerlo.

En muchos casos pueden aparecer debido al conflicto emocional que sufre el niño: los padres no entienden lo que le pasa y normalmente se enfadan con el niño; ellos perciben que se están enfrentando a las personas que más aman (ambivalencia de sentimientos). El niño quiere una cosa y no llega a entender porque no se la quieren dar y esto puede generar cierto rechazo hacia el adulto en ese momento.

Por un lado, los niños, a medida que van creciendo, necesitan mayor autonomía (realizar las cosas de manera autónoma, tomar sus propias decisiones....), pero a la vez, siguen necesitando la protección y ayuda del adulto en muchas situaciones. Cuando ambas necesidades "chocan" habitualmente generan emociones de ira, tristeza y miedo en el niño, que pueden explotar en una rabieta.

Y ahora que podemos entender de qué se trata y porque ocurren, ¿Cómo actuamos? ¿Qué podemos hacer para que el niño y nosotros no lo pasemos tan mal? Ahí van algunos puntos importantes:

-Inicialmente lo que se debe procurar es definir el motivo del enfado (entender porque nuestro hijo puede estar reaccionando de esta manera).

-Autoregular mi propia emoción (ira, vergüenza...) debido al comportamiento de mi hijo/a, antes de actuar de manera impulsiva o desmesurada delante de su rabieta; yo soy el adulto y debería mostrarle un buen ejemplo de regulación emocional 

-No etiquetar ni decir que es malo-cuando a nosotros nos sobrepasa alguna emoción y no la sabemos controlar, lo último que esperamos es que nos juzguen y nos digan lo mal que lo estamos haciendo

-No intentar dialogar en la fase álgida del enfado (únicamente cuando se haya calmado y pueda escucharnos)

-No gritar, provocaremos un aumento de la rabieta y le estamos mostrando que gritar es una estrategia para que los demás nos hagan caso

-Dejar que se calme y luego hablar con él/ella (ignorar inicialmente la rabieta, pero mostrarle que estamos ahí en cuanto se calme ligeramente)

-Ofrecer contacto físico si vemos que esto le ayuda a calmarse (dependiendo del niño; hay que rechazan todo tipo de contacto y a otros que les facilita mucho la regulación)

-Ofrecer alguna estrategia para que pueda regular sus emociones cuando esté más calmado (apretar fuertemente un muñeco blando, irse a la habitación o a un rincón "de la calma"...)

-Prestar atención a la mínima que el enfado baje de intensidad-acompañar a la autorregulación (agacharme y ponerme a su nivel para hablarle)

-Evitar recriminar a nuestra pareja-familiar que ha hecho algo mal y ha provocado la rabieta

-No ceder a sus peticiones con la pataleta (que no sea su «lenguaje» para pedir las cosas) - Aunque puedan aparecer sentimientos de culpa, este punto es muy importante, ya que si alguna vez el niño comprueba que con la rabieta consigue lo que quería, probablemente en ocasiones futuras lo utilice como estrategia

-No modificar lo que habíamos planeado (con la rabieta no se modifica nada del entorno)-seguiremos comprando en el supermercado, o haciendo lo que estábamos haciendo- puntualmente, si veo que la situación me sobrepasa, puedo retirarme a un sitio más tranquilo y volver cuando se haya calmado

-Acompañar cuando haya terminado la rabieta y ofrecerle ayuda para que se acabe de calmar (no recriminar lo que ha hecho, tratar la rabieta como una expresión descontrolada de la ira y ofrecerle estrategias para otras ocasiones futuras. Cuando nosotros, como adultos tenemos en alguna ocasión un "ataque de ira", lo último que esperamos es que nos juzguen y nos digan lo mal que lo hemos hecho).

Debemos tener en cuenta que hay niños que reaccionan de manera muy agresiva durante las rabietas y puede ser que se acaben haciendo daño o rompiendo algo de su alrededor. En estos casos se debe proteger al niño del entorno cuando veamos que la rabieta está iniciando. Se deben recoger o apartar aquellos objetos peligrosos o con los que se pueda hacer daño y en el caso de que el niño se autolesione (darse golpes o chocarse contra algo) debemos intervenir de manera calmada para que no lo siga haciendo.

Es muy importante que con todo esto, nuestros hijos entiendan que aunque tengan rabietas, les comprendemos y que a pesar de que a veces no estemos de acuerdo, no estamos enfadados, ni cambiaremos nuestra opinión sobre ellos.

"Te seguimos queriendo aunque hayas perdido el control; a veces a nosotros también nos puede pasar"

Y cuando por fin la rabieta se ha acabado... ¿Qué podemos hacer para prevenir que aparezcan más rabietas en un futuro? Como hemos dicho se trata de un proceso evolutivo por el que los niños deben pasar. No obstante, existen diferencias individuales entre niños (habrá algunos que se frustren más rápidamente y por tanto tengan más rabietas y otros que casi no tengan), y también hay ciertos aspectos que se pueden potenciar en el niño, trabajando la frustración con él. Por ejemplo, 1) detectar aquellas señales o situaciones que preceden a la rabieta (si está cansado o con hambre, si vamos a aquel lugar que detesta...) y prever cómo podemos actuar antes de que llegue (ofrecerle un baño relajante, escuchar una música calmada/animada o comer algo, ofrecerle una distracción, tratar la situación con humor...). También para 2) hacer más fácil la aceptación de las normas sin modificar nuestros propios límites podemos ser un poco flexibles delante de algunas situaciones (ej: debe comer lo que no le gusta antes de jugar, pero no pasa nada si lo hace con las manos, tiene que salir bien abrigado de casa en invierno, pero no pasa nada si inicialmente no se pone los guantes y el gorro...). Muchas veces las normas que imponemos tienen niveles de importancia distintos y podemos jugar con ellos para que progresivamente el niño vaya aceptándolas sin rabietas o con enfados más livianos. 3) Ayudar con otros estímulos positivos para facilitar la aceptación (ej: entiendo que quieres quedarte más tiempo en el parque jugando, pero tenemos que marchar ya a casa; mamá / papá nos estará esperando y podrá leerte tu libro preferido). En este sentido, 4) proponer alternativas siempre que sea posible también puede ser una buena estrategia (ej: ahora no puedes hacer esto, pero sí que puedes hacer lo otro...).  y proponer la "regla o norma" de manera afirmativa, sin utilizar un "no" (ej: "cuando hagas esos ya podremos salir"/ en vez: "si no haces eso no sales").

Estas pequeñas estrategias harán más fácil la aceptación de nuestros hijos delante de momentos de frustración y también nos facilitaran el día a día con ellos.

¡Esperamos que os sea útil para llevar mejor esas rabietas! 

Iris Tolosa Sola

Psicoestima't-Psicología Granollers

Psicóloga (nº Col: 21572)